¿Recuerdas la última vez que comiste sin mirar el móvil, sin trabajar y sin pensar en lo siguiente que tenías que hacer?
Si te cuesta recordarlo, no eres el único.
Muchas veces pensamos que comer rápido es solo una cuestión de tiempo. Pero también puede influir en cómo disfrutamos de la comida, en la sensación de saciedad e incluso en cómo nos sentimos después.
Solemos dedicar mucho tiempo a pensar qué comer, pero muy poco a cómo lo comemos.
Entonces… ¿es malo?
No es tan sencillo como un sí o un no. Pero sí sabemos que, hecho de forma habitual, tiene consecuencias que merece la pena conocer.
Basta con observar una cafetería o una oficina a la hora de comer: móviles sobre la mesa, reuniones, prisas y comidas que terminan en menos de diez minutos. No existe un tiempo «correcto» para comer, pero sí hemos normalizado hacerlo cada vez más deprisa, y eso puede tener consecuencias que a menudo pasamos por alto.
No porque queramos, sino porque trabajamos mientras comemos, miramos el móvil, conducimos de camino a algún sitio o contestamos mensajes entre bocado y bocado.
La comida ha pasado a segundo plano. Se ha convertido en algo que hacemos mientras hacemos otra cosa, en lugar de ser la cosa que estamos haciendo.
Si te has sentido identificado leyendo esto, tranquilo: es, probablemente, la forma de comer más extendida hoy en día.
¿Por qué es importante masticar bien?
Aunque no lo pensemos así, el cuerpo empieza a prepararse para digerir desde el momento en que olemos y masticamos los alimentos.
La masticación fragmenta los alimentos en trozos más pequeños y la saliva empieza a actuar sobre algunos de sus componentes. Es el primer paso de la digestión y uno de los pocos en los que tenemos un papel activo: podemos decidir cuánto tiempo dedicamos a masticar.
Cuando tragamos sin apenas masticar, el resto del aparato digestivo tiene que hacer más trabajo para descomponer un alimento que podría haber llegado mucho mejor preparado. Masticar bien no garantiza una buena digestión, pero sí ayuda a que el proceso empiece en mejores condiciones.
Comer rápido también puede hacer que comamos más
Aquí sí hay bastante respaldo científico: las personas que comen más despacio suelen percibir antes la sensación de saciedad y, en promedio, tienden a ingerir menos energía durante la comida.
No significa que ocurra siempre ni en todas las personas, pero es una tendencia observada en distintos estudios.
Seguro que alguna vez has terminado un plato y, cinco o diez minutos después, has pensado: «en realidad ya estaba lleno». Ese pequeño retraso entre comer y notar la saciedad explica, en parte, por qué hacerlo con más calma puede ayudar a escuchar mejor a nuestro cuerpo.
¿Qué puede pasar si comes demasiado rápido?
- Es más fácil terminar la comida sin haber percibido la saciedad.
- Podemos disfrutar menos de los alimentos y comer en piloto automático.
- Algunas personas notan digestiones más pesadas o molestias, aunque no ocurre en todos los casos y depende de muchos factores.
Masticar no es contar treinta mordiscos
No hace falta contar, obsesionarse ni convertir cada comida en una hora de ritual. Eso también es una forma de perder de vista lo importante.
Se trata simplemente de recuperar algo de atención: notar la textura, dejar el móvil un momento, ser consciente de que estás comiendo mientras comes. Pequeños ajustes, no una nueva norma que cumplir.
Tres cosas que puedes probar desde hoy
- Guarda el móvil durante la comida.
- Mastica un poco más antes de tragar, sin obsesionarte con contar.
- Si puedes, dedica al menos una comida al día exclusivamente a comer, sin hacer otra cosa al mismo tiempo.
Comer mejor no siempre consiste en llenar el plato de cosas distintas
A veces consiste simplemente en bajar el ritmo durante diez minutos. Porque esos diez minutos también forman parte de tu salud.
Vivimos deprisa. No hace falta que cada comida también lo sea.
